11 de julio de 2011
Innovando con Disney
Walt Disney siempre ha sido uno de mis ejemplos a seguir. Su creatividad no conocía límites, siempre se atrevió a soñar en grande y tenía la fuerza de voluntad de lograr lo que se propusiera. Un verdadero maestro de la innovación, y este video lo deja bastante claro.
Algo para... para...
para gente Disney,
para los videos,
para ser creativos
10 de julio de 2011
En camión
Dentro de mis actividades diarias está incluido el traslado de un lugar a otro para poder cumplir con dichas actividades. Generalmente me muevo por la ciudad en transporte público... siempre en camión ya que las lineas del metro no llegan a esta parte de la zona metropolitana. Pero el metro de Guadalajara ya será motivo de otro post, porque vaya que tengo mucho que decir sobre él. El día de hoy me enfocaré en los dichosos camiones.
A lo largo de los años he visto en ellos todo tipo de cosas. Desde los cliches que indignan a todos como la señora embarazada a la que nadie le da el asiento, el payasito que se sube a venderte estampitas de algún santo para pagar su rehabilitación y el músico frustrado que en realidad canta mucho mejor que las "futuras estrellas de la música en México" que nos intentan vender cada que La Academia intenta revivir. Una vez me tocó ver a una señora que daba suspiros de incredulidad cada treinta segundos por lo que leía en su novela romántico-erótica. En alguna otra ocasión me toco ver como un papá y su hijo despertaban de lo que parecía ser una larga siesta solo para descubrir que no sabían en que parte de la ciudad de encontraban.
Lo que aún no deja de impresionarme es la cantidad de gente que es capaz de subirse a un camión aún cuando a simple vista parece que éste ya no puede albergar ni un alma más. En las horas pico la gente hace lo que sea por alcanzar ese camión que los llevará a tiempo a su destino. Cuando el camión ya se ve bastante lleno la primera opción para aquellos que realmente desean abordar ese camión es siempre subir por la puerta de atrás. Una vez que el camionero decide no abrir más la puerta de atrás ya no queda más que hacer caso cuando el camionero grita "corranse p'atras". Y de esa manera, poco a poco el camión se llena más y más hasta el punto en el que salir del camión es casi tan imposible como entrar a él.
Pero de vez en cuando pasan cosas que me hacen pensar que subirse a un camión no es tan peligroso como parece ser. Después de mi estancia en tierras canadienses recuerdo haber contado varias veces historias de como los autobuses allá de verdad no se mueven hasta que las puertas han cerrado, y de como los conductores conducían de manera no peligrosa. Pero fue justo hace poco que pude presenciar algo que me hizo recuperar un poco de esperanza en los conductores mexicanos. Mientras yo pensaba en lo apretado, caluroso y peligroso del viaje, algo inesperado pasó. Por primera vez en mi vida observé como el camionero pedía espacio para subir a un señor en silla de ruedas con la rampa especial con la que contaba dicho autobús. Siempre había visto esas rampas pero nunca había visto que las usaran. Y fue un acto tan pequeño como ese el que me hizo pensar que después de todo los camioneros no son tan malos.
Por cierto, les dejo aquí un breve video para que vean que también en otras partes del mundo hay gente loca detrás de los volantes. ;D
A lo largo de los años he visto en ellos todo tipo de cosas. Desde los cliches que indignan a todos como la señora embarazada a la que nadie le da el asiento, el payasito que se sube a venderte estampitas de algún santo para pagar su rehabilitación y el músico frustrado que en realidad canta mucho mejor que las "futuras estrellas de la música en México" que nos intentan vender cada que La Academia intenta revivir. Una vez me tocó ver a una señora que daba suspiros de incredulidad cada treinta segundos por lo que leía en su novela romántico-erótica. En alguna otra ocasión me toco ver como un papá y su hijo despertaban de lo que parecía ser una larga siesta solo para descubrir que no sabían en que parte de la ciudad de encontraban.
Lo que aún no deja de impresionarme es la cantidad de gente que es capaz de subirse a un camión aún cuando a simple vista parece que éste ya no puede albergar ni un alma más. En las horas pico la gente hace lo que sea por alcanzar ese camión que los llevará a tiempo a su destino. Cuando el camión ya se ve bastante lleno la primera opción para aquellos que realmente desean abordar ese camión es siempre subir por la puerta de atrás. Una vez que el camionero decide no abrir más la puerta de atrás ya no queda más que hacer caso cuando el camionero grita "corranse p'atras". Y de esa manera, poco a poco el camión se llena más y más hasta el punto en el que salir del camión es casi tan imposible como entrar a él.
Pero de vez en cuando pasan cosas que me hacen pensar que subirse a un camión no es tan peligroso como parece ser. Después de mi estancia en tierras canadienses recuerdo haber contado varias veces historias de como los autobuses allá de verdad no se mueven hasta que las puertas han cerrado, y de como los conductores conducían de manera no peligrosa. Pero fue justo hace poco que pude presenciar algo que me hizo recuperar un poco de esperanza en los conductores mexicanos. Mientras yo pensaba en lo apretado, caluroso y peligroso del viaje, algo inesperado pasó. Por primera vez en mi vida observé como el camionero pedía espacio para subir a un señor en silla de ruedas con la rampa especial con la que contaba dicho autobús. Siempre había visto esas rampas pero nunca había visto que las usaran. Y fue un acto tan pequeño como ese el que me hizo pensar que después de todo los camioneros no son tan malos.
Por cierto, les dejo aquí un breve video para que vean que también en otras partes del mundo hay gente loca detrás de los volantes. ;D
3-Way Street from ronconcocacola on Vimeo.
Algo para... para...
para los videos,
para manejar,
para reflexionar
3 de julio de 2011
Mezclas
El día de hoy me acordé de hacer esta entrada que ya tenía uno días como borrador. Estos son solo un par de videos que en mi opinión es creatividad pura. Pogo es un DJ que ha hace remixes con sonidos de su entorno, de la naturaleza, de la ciudad, entre otras cosas. Y como parte de sus proyectos también tiene un par de remixes hechos el audio y video de ciertas películas. El primero que conocí de él fue un remix hecho con Mary Poppins, luego (mi favorito) Upular con la película UP hecho en colaboración con Pixar... y ahora nos presenta uno hecho con varias películas de Disney y otro con el audio de El Mago de Oz y con una animación bastante divertida. Les dejo acá varios porque los remixes de verdad están muy chidos. Espero los disfruten.
Algo para... para...
para los videos,
para oir música,
para ser creativos
21 de junio de 2011
Simetría
El título de este post es el mismo que el del video... y con buena razón.
Symmetry from Everynone on Vimeo.
Algo para... para...
para los videos,
para reflexionar
Sad but true
Algo para... para...
para informarse,
para la escuela,
para llorar
20 de junio de 2011
60 segundos
Vivimos en un mundo tan acelerado hoy en día que 60 segundos pueden parecer una eternidad. En tan solo 60 segundos muchas cosas pueden pasar, así que cuando nos hacen esperar esos 60 segundos sentimos que gran parte de nuestro día se ha perdido. Para aquellos que pasamos frente a la computadora varias horas al día sabemos que en 60 segundos se pueden leer muchas noticias, twittear varias veces, dar muchos likes en Facebook, enviar uno que otro e-mail, y hasta más. Así que aquí está una pequeña muestra de lo que sucede en el internet en tan solo 60 segundos, para que se den una idea de lo productivos o acelerados que hemos llegado a ser.
Algo para... para...
para hacer algo,
para informarse,
para la hora
12 de junio de 2011
Simples decisiones
Hace un año exactamente tomé una decisión que en su momento se veía muy ridícula. Hace seis meses no creí que hubiera logrado mantener esa decisión y quise escribir al respecto pero al final decidí no hacerlo. Hace tres meses sentí la necesidad de compartirlo y simplemente no hallé el tiempo para hacerlo. Y hoy, exactamente un año (con un margen de error de unos cuantos días) después me decido a compartir esto con quien sea que quiera leerlo. Hace un año, después de unos meses en el extranjero, mi opinión sobre muchas cosas había cambiado y mi visión la vida buscaba un nuevo par de lentes, uno RayBan de preferencia. Ese fue el momento en el que decidí que si quería ser parte de un cambio en este mundo debía comenzar por mí mismo, simplemente tener esa congruencia que hoy lucho día a día por conservar.
Todo comenzó en el momento en el que decidí que durante mi intercambio iba a tomar cursos sobre energías renovables y control de contaminación. Lo que creí que iban a ser cursos superficiales sobre ecología y las 3 R's [reciclar, reducir y reutilizar, por si se les olvidaron] fueron realmente una clase intensa sobre análisis energético de turbinas, celdas solares y demás energías renovables; y otra sobre estricto control de contaminación y regulaciones para proyectos energéticos. Cinco meses después estaba de vuelta a la realidad mexicana donde la gente sigue usando bolsas de plástico en el súper y avientan latas de coca-cola por la ventana del coche.
La decisión que hace un año tomé parecía sencilla y estúpida, pero en realidad es solo un pequeño paso hacia algo más grande. Ese paso fue el de "no usar más servilletas"... mismo que 12 meses después se ha convertido en "reducir mi consumo de papel a lo mínimo necesario". Este nuevo reto demostró ser bastante complicado desde un inicio. Cuando comencé, mi intención era dejar de usar servilletas por completo, pero siendo realistas es casi imposible comerse una pinche torta ahogada sin usar al menos una servilleta. Aunque eventualmente lo logré, solo se trataba de comer de manera más cuidadosa y siempre con cubiertos (aquí quiero agradecer a mi abuela paterna por obligarme a siempre usar los cubiertos).
Para aquellos que me conocen saben que soy de mente ecológica impulsada por energías renovables, pero más que solo informarme sobre cuestiones de energía verde he decidido que si quiero lograr un cambio debo comenzar primero por mí mismo. Y eso es lo que esto es, primero demostrarme a mí mismo que es posible no usar tanto papel para después poder hablar desde el corazón cuando diga que de verdad creo que este mundo debe reorganizar sus prioridades energéticas.
Es por eso que este post llega hasta ahora, para demostrar que SI SE PUEDE... y también porque "un año con un consumo de papel mínimo" se escucha mejor que "ocho meses con pocas servilletas". Y como recientemente me dijeron por ahí, actitud contagia actitud. Hoy me da orgullo ver que gente que me rodea ve mi esfuerzo y ahora piensa dos veces si necesita de verdad tantas copias de un papel o considera mejor comprar desechables biodegradables. Se que mi pequeña acción de minimizar mi consumo de servilletas no salvará bosques, pero sí me motiva día con día para seguir contagiando ese espíritu, para predicar con el ejemplo, y más que nada me da la fuerza para hacer algo por ayudar al planeta en el que vivimos.
Para aquellos que aún estén leyendo esto, se que esta pequeña cruzada contra las servilletas puede sonar muy hippie, pero es algo que simplemente necesitaba hacer para probarme algo a mi mismo. Y no quiero sonar como kilométrica cadena de messenger diciendo que si no lo hacen ustedes se van a quedar calvos. Pero sí los quiero invitar a que de vez en cuando piensen en el impacto que sus acciones tienen sobre la tierra en la que caminan. Y si creen que no comprar servilletas es muy extremo, siempre hay otras acciones que pueden realizar. De mi parte solo diré que quiero que esto crezca, que seguiré tratando de consumir menos papel, y que le agregaré un poco más de dificultad... porque aunque las acciones de una sola persona pueden parecer insignificantes, creo que yo aún tengo mucho más que dar.
Todo comenzó en el momento en el que decidí que durante mi intercambio iba a tomar cursos sobre energías renovables y control de contaminación. Lo que creí que iban a ser cursos superficiales sobre ecología y las 3 R's [reciclar, reducir y reutilizar, por si se les olvidaron] fueron realmente una clase intensa sobre análisis energético de turbinas, celdas solares y demás energías renovables; y otra sobre estricto control de contaminación y regulaciones para proyectos energéticos. Cinco meses después estaba de vuelta a la realidad mexicana donde la gente sigue usando bolsas de plástico en el súper y avientan latas de coca-cola por la ventana del coche.
La decisión que hace un año tomé parecía sencilla y estúpida, pero en realidad es solo un pequeño paso hacia algo más grande. Ese paso fue el de "no usar más servilletas"... mismo que 12 meses después se ha convertido en "reducir mi consumo de papel a lo mínimo necesario". Este nuevo reto demostró ser bastante complicado desde un inicio. Cuando comencé, mi intención era dejar de usar servilletas por completo, pero siendo realistas es casi imposible comerse una pinche torta ahogada sin usar al menos una servilleta. Aunque eventualmente lo logré, solo se trataba de comer de manera más cuidadosa y siempre con cubiertos (aquí quiero agradecer a mi abuela paterna por obligarme a siempre usar los cubiertos).
Para aquellos que me conocen saben que soy de mente ecológica impulsada por energías renovables, pero más que solo informarme sobre cuestiones de energía verde he decidido que si quiero lograr un cambio debo comenzar primero por mí mismo. Y eso es lo que esto es, primero demostrarme a mí mismo que es posible no usar tanto papel para después poder hablar desde el corazón cuando diga que de verdad creo que este mundo debe reorganizar sus prioridades energéticas.
Es por eso que este post llega hasta ahora, para demostrar que SI SE PUEDE... y también porque "un año con un consumo de papel mínimo" se escucha mejor que "ocho meses con pocas servilletas". Y como recientemente me dijeron por ahí, actitud contagia actitud. Hoy me da orgullo ver que gente que me rodea ve mi esfuerzo y ahora piensa dos veces si necesita de verdad tantas copias de un papel o considera mejor comprar desechables biodegradables. Se que mi pequeña acción de minimizar mi consumo de servilletas no salvará bosques, pero sí me motiva día con día para seguir contagiando ese espíritu, para predicar con el ejemplo, y más que nada me da la fuerza para hacer algo por ayudar al planeta en el que vivimos.
Para aquellos que aún estén leyendo esto, se que esta pequeña cruzada contra las servilletas puede sonar muy hippie, pero es algo que simplemente necesitaba hacer para probarme algo a mi mismo. Y no quiero sonar como kilométrica cadena de messenger diciendo que si no lo hacen ustedes se van a quedar calvos. Pero sí los quiero invitar a que de vez en cuando piensen en el impacto que sus acciones tienen sobre la tierra en la que caminan. Y si creen que no comprar servilletas es muy extremo, siempre hay otras acciones que pueden realizar. De mi parte solo diré que quiero que esto crezca, que seguiré tratando de consumir menos papel, y que le agregaré un poco más de dificultad... porque aunque las acciones de una sola persona pueden parecer insignificantes, creo que yo aún tengo mucho más que dar.
Algo para... para...
para crecer,
para el medio ambiente,
para pensar
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